■  Gloria al día de la heroicidad

■ Gloria al día de la heroicidad

 

¡GLORIA AL DÍA DE LA HEROICIDAD!
35° ANIVERSARIO

Los prisioneros de guerra, como el personaje de la historia, siguen ganando batallas más allá de la muerte, pues, viven y combaten en nosotros conquistando nuevas victorias; su recia e imborrable presencia la sentimos palpitante y luminosa enseñándonos hoy, mañana y siempre a dar la vida por el Partido y la revolución.

Presidente Gonzalo
Perú, junio 1987

Reparemos bien en la cita y recordemos, no una sino 1,000 veces, el sentido de lo expresado, dice:

… viven y combaten en nosotros conquistando nuevas victorias; su recia e imborrable presencia la sentimos palpitante y luminosa enseñándonos hoy, mañana y siempre a dar la vida por el Partido y la revolución.

Aquel 19 de junio de 1986, los comunistas, los combatientes del Ejército Guerrillero Popular y las masas revolucionarias entrabaron combate, heroicamente, en defensa de la revolución y de sus vidas arrancándole lauros a la muerte y sellaron un hito de heroicidad combatiendo y resistiendo la brutal embestida de las abyectas fuerzas armadas reaccionarias al interior de las cárceles, en las que fueron Luminosas Trincheras de Combate de El Frontón, Lurigancho y el Callao.

La heroicidad, el valor, la bravura fue derrochada a raudales demostrando una vez más lo que son los hombres que genera la guerra popular, lo que son los hijos del pueblo armados con la todopoderosa ideología del proletariado: el marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento gonzalo.

Los heroicos prisioneros de guerra y presos políticos no se postraron de rodillas, no se escondieron en las sombras ni maldijeron la oscuridad; no llevaron a cabo hipotéticas “sucesivas y contundentes” huelgas de hambre tras las cuales no quedan magullados ni deshidratados; no lloriquearon por una “verdadera amnistía general”, ni se lanzaron a negociar en pos de amnistía y alistamiento preparando su capitulación para servir al orden y participar en él tras una felona “reconciliación nacional sin vencedores ni vencidos”; no suplicaron por “democratización de la sociedad peruana”, ni por “producción nacional y trabajo para el pueblo” abdicando del papel de Vanguardia organizada del proletariado ni de su rol de dirección, poniéndose a la cola de la gran burguesía; no suplicaron por la formación de una fanfarria encubierta bajo el manto de una pomposa “verdadera Comisión de la Verdad”, ni se acomodaron para regatear en pos de otros “beneficios” de similar laya. ¡No y 1,000 veces no! No hicieron nada parecido a lo que Abimael Guzmán y el guzmanismo propalan a los 4 vientos; por el contrario, los prisioneros de guerra, armados con la ideología del proletariado, fieles a los principios y a las directivas del Partido, combatieron y resistieron a la reacción y sus fuerzas armadas entablando desigual combate; se inmolaron con valentía y bravura para dejarnos su recia e imborrable presencia en un ejemplo de heroicidad que algunos han echado al traste, traicionando principios fundamentales como las masas hacen la historia y la rebelión se justifica.

Con el combatir y resistir en las mazmorras de la reacción, el Partido demostró una vez más que es un Partido de nuevo tipo, un Partido militarizado, un Partido marxista-leninista-maoísta con su especificación en la ideología del proletariado peruano, un Partido capaz de resistir genocidios y seguir combatiendo; prueba de ello es que los héroes sobrevivientes y los nuevos prisioneros de guerra, después del genocidio de 1986, siguieron levantando a tope banderas rojas con hoces y martillos en las prisiones hasta transformarlas en sólidas Luminosas Trincheras de Combate.

Para refrescar la mente de los adoradores de las huelguitas de hambre, sin vencedores ni vencidos, recapitulemos los contundentes sucesos.

Partamos del hecho que siendo el prisionero de guerra un combatiente del Ejército de nuevo tipo dirigido por el Partido, aun estando preso, mantiene su condición de tal; es decir, es un combatiente y cumple las 3 tareas del Ejército de nuevo tipo: combatir, producir y movilizar.

Centrémonos en la tarea de combatir y hagamos un poco de memoria, puesto que al parecer algunos quieren hacernos creer que la están “perdiendo”. Los prisioneros de guerra y presos políticos desarrollaron sucesivas luchas por conquistar y defender sus derechos, reiteramos, por conquistar y defender sus 2derechos y no por cambalaches y componendas, siendo una de las más importantes la librada el 23 de diciembre de 1982 en el Frontón, día en que los prisioneros de guerra se atrincheraron durante 5 días sin luz, sin agua ni alimentos ante una requisa de los guardias republicanos que los atacaron ferozmente. Los prisioneros de guerra resistieron heroicamente expresando su firme decisión de no permitir una requisa más, pues éstas significan robos y masacres. Esta lucha culminó exitosamente arrancando a las autoridades el reinicio de la visita de
sus familiares, que había sido suspendida. Fue con violencia revolucionaria que se arrancó ese derecho y no con necedades de plañidera, plantones, sentones ni conciertos virtuales puesto que los derechos se conquistan y defienden con sangre y no con lágrimas.

Posteriormente se dio un salto cuantitativo y cualitativo y se plasmó la lucha conjunta de las 3 Luminosas Trincheras de Combate: el Frontón, Lurigancho y el Callao del 13 al 16 de julio de 1985 logrando la firma de un Acta de 24 puntos en la que se les reconoció la condición de presos especiales, como un paso al reconocimiento de su condición de presos políticos, conquistaron con lucha revolucionaria que se les reconozcan las libertades y derechos Constitucionales legalmente establecidos por la presión de las propias luchas populares, de donde se derivó el derecho a la autoadministración y a vivir separados del resto de la población penal, entre otros beneficios logrados con la firma de dicha Acta.

Poco después, no bien posesionados Alan García y el APRA del Gobierno, esta Acta fue negada con el genocidio del 4 de octubre de 1985 en el penal de Lurigancho, donde fueron asesinados con premeditación, sevicia y vesanía, 30 prisioneros de guerra, quedando, además, 23 heridos de gravedad y más de 243 con diversas heridas. Los cadáveres no fueron entregados a sus familiares pese a existir un mandato judicial. Sin embargo, en lugar de sumirlos en el derrotismo y apelar a la lucha pasiva, este genocidio potenció la combatividad de los prisioneros de guerra sobrevivientes, quienes desarrollando una exitosa lucha el 30 de octubre, con toma de rehenes, lograron la firma de una nueva Acta que ratificaba la anterior de 24 puntos, pero a un nivel más alto ya que fue firmada por el Viceministro de Justicia y otras autoridades del Gobierno aprista. De ahí en adelante se desarrollaron campañas para desenmascarar, combatiendo y resistiendo, los nuevos planes genocidas que la reacción puso en marcha.

Dentro de ese marco general, y en medio de la celebración del Congreso de la llamada Internacional Socialista en Lima, es que el 18 de junio de 1986, a las 6 de la mañana, los prisioneros de guerra de El Frontón, Lurigancho y el Callao se levantaron en rebelión contra el nuevo genocidio que el Gobierno aprista había puesto en marcha, y que había sido denunciado y desenmascarado públi3camente ante los tribunales y ante las autoridades reiteradamente. Se rebelaron en defensa de la revolución y de sus vidas, ligando así la lucha reivindicativa y la lucha por el Poder, que son las 2 caras de una misma moneda, y considerando que la lucha reivindicativa debe servir a la guerra popular, demandaron 26 reivindicaciones justas y racionales, que en síntesis era el respeto a las actas del 16 de julio y 31 de octubre de 1985 para lo cual pidieron la formación de una Comisión integrada por autoridades, familiares y por sus abogados; y esto lo dieron conocer a los jueces de ejecución penal y fiscales de los 3 penales, quienes fueron impedidos de cumplir sus funciones por la orden del Consejo de Ministros presidido por el genocida Alan García, que dispuso el aplastamiento de la rebelión por las Fuerzas Armadas, a cuya dirección se sujetarían las Fuerzas Policiales.

El Ejército fue el encargado de desatar el genocidio en Lurigancho; bajo su mando, la Guardia Republicana atacó, con granadas de guerra, explosivos, tiros de bazuca y disparos continuos de fusiles pesados y ligeros el Pabellón Industrial antes de tomarlo por asalto y sacar al patio a los sobrevivientes, muchos de ellos heridos; les obligaron a echarse de cara al suelo y con tiros de gracia en la nuca y a carga de bayoneta los fueron asesinando, uno a uno; inclementes y con la vesanía propia de la bestia reaccionaria herida por los éxitos de la guerra popular, bebieron la sangre de los heroicos combatientes hasta el hartazgo para imponer la paz de los muertos, que según el propio Alan García habrían sido 100.

En el Callao, la encargada fue la Fuerza Aérea y, bajo su mando, la Guardia Republicana; con explosivos y fuego graneado de armas de asalto tomó el control del penal de mujeres asesinando a 2 prisioneras de guerra y golpeando brutalmente a las sobrevivientes, para luego secuestrarlas y llevarlas a la cárcel de varones de Cachiche, en Ica, donde permanecieron más de un mes antes de ser trasladadas a la prisión de Canto Grande en Lima.

En el Frontón, se consumó una siniestra venganza de la Marina de Guerra. Atacaron con furia por aire y mar para romper las primeras líneas de resistencia establecidas por los heroicos combatientes y permitir el avance por tierra de los pelotones de asalto encabezados por el criminal de guerra Agustín Mantilla, otrora siniestro Ministro del Interior. Hicieron uso a discreción de cañones de tiro corto, explosivos de demolición, tiros de bazuca, fusiles automáticos pesados y ligeros, granadas de fragmentación, y no pudiendo tomar el control del penal sino hasta después de 20 horas por la heroica resistencia librada por los prisioneros de guerra, pese a contar con una potencia de fuego extremadamente inferior a la del enemigo pero con una altísima moral de combate y enarbolando la ideología del proletariado. Caído el penal en las fauces reaccionarias, se ensañaron con los heridos y con los cadáveres de los 4combatientes caídos en acción. El Pabellón Azul quedó reducido a escombros; un número indeterminado de prisioneros de guerra fueron fusilados con salvajismo y más de 60 fueron secuestrados. Sólo quedaron 35 sobrevivientes reconocidos oficialmente. En total, en las 3 Luminosas Trincheras de Combate, fueron asesinados 250 prisioneros de guerra y presos políticos; verdaderos héroes del pueblo que nunca hincaron la rodilla ni se sintieron derrotados ante la superioridad transitoria del enemigo de clase.

Poniendo en alto este luminoso ejemplo de los héroes del pueblo, se estableció otro grandioso hito de heroicidad masiva con la heroica lucha librada por los 534 (403 varones y 131 mujeres) prisioneros de guerra y presos políticos en la prisión de Canto Grande entre los días 6 y 10 mayo de 1992 para evitar el traslado de nuestras camaradas a la prisión de Santa Mónica de Chorrillos, ejerciendo el justo derecho a rebelarse y defender la revolución y sus vidas con resistencia heroica, probando una vez más que a mayor resistencia, menor es el costo. El balance final de ese nuevo genocidio, perpetrado por Fujimori poco después de su autogolpe el 5 de abril 1992, fue de más de 60 prisioneros asesinados, y el posterior ensañamiento contra los sobrevivientes, muchos de ellos heridos de gravedad.

El genocidio del 19 de junio, al contrario de lo que la reacción esperaba, dio como resultado un verdadero triunfo político, militar y moral al Partido y a la revolución dándonos incluso un DÍA DE LA HEROICIDAD[1] como un monumento imperecedero que debemos evocar siempre para tenerlo muy presente a la hora de combatir y resistir dentro y fuera de las mazmorras de la reacción; al mismo tiempo que desenmascaramos y combatimos las pasivas “nuevas formas de lucha” impulsadas por el guzmanismo, como en el caso de la otrora tan pomposamente ensalzada “huelga de hambre”; y, al respecto, no olvidemos lo dicho por quien fuera el Presidente Gonzalo en la sesión preparatoria del II Pleno del Comité Central en 1991:

… y las formas actuales atan a la legalidad existente, las formas existentes son las que la ley permite para desaguar las luchas y atar a las masas, las huelgas de hambre son absurdas y luchas pasivas, paros pacíficos, métodos pacíficos de siervos, los paros se reducen a ridículo espectáculo de cuatro diputados, las formas de estos renegados, vendeobreros son los que el sistema permite, la ley permite, el problema es mover a la masa de abajo, desarrollar nuevas formas. Ligar la lucha obrera a lucha barrial, repeler la agresión, huelgas violentas, golpear directivos, volar plantas, así estamos abriendo paso a negar esa nefasta legalidad.

Inmediatamente después de la caída en prisión del señor Abimael Guzmán el 12 de septiembre de 1992, la línea oportunista de derecha, revisionista y capi5tuladora, se desarrolló vertiginosamente hasta convertirse en una desembozada y nefasta nueva línea revisionista que demolió el Partido y arrastró a muchos combatientes hacia el vertedero de la capitulación y la traición. Si leemos detenidamente sus panfletos y los limpiamos de toda la hojarasca que lo encubre; de toda la fanfarronería y verborrea barata que utilizan junto con un saludo a la bandera para declamar ante el pueblo promesas hueras, lo que queda al descubierto no sólo es su convergencia con otros revisionistas y oportunistas de la misma ralea sino, y esto es lo principal, queda al descubierto sus esperanzas de amnistía y alistamiento para servir al orden reaccionario burgués y participar en él. Durante la campaña electoral de 2001 dijeron, textualmente:


¡Pueblo peruano! Hoy, después de que la dictadura genocida vendepatria de Fujimori y Montesinos, que significó un mayor reforzamiento de tus cadenas, se ha hundido en el infierno y ha asumido un Gobierno de transición encabezado por Paniagua, se abre una posibilidad de democratización de la sociedad peruana y de solución política a los problemas derivados de la guerra interna. [*] [La subraya y cursiva es nuestra]


Hasta hoy seguimos preguntándoles, ¿cómo es que “se abre una posibilidad de democratización de la sociedad peruana”[3]? ¡No se oye, señor! Estos necios adoradores de la legalidad burguesa centran sus esperanzas sólo en las “bondades” y “dádivas” del podrido y caduco sistema reaccionario imperante que por turno transitorio encabezará, a partir del 28 de julio y si no hay sorpresas de gran calibre, Pedro Castillo y otros testaferros del neoliberalismo y la globalización

(…)

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Ediciones Bandera Roja

19 de junio 2021

Gloria al día de la heroicidad
Gloria al día de la heroicidad
■¡VIVA EL 1° DE MAYO!

■¡VIVA EL 1° DE MAYO!

 ¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

 ¡VIVA EL 1° DE MAYO!

 

Las celebraciones de este 1° de mayo deben servir, una vez más, para que el proletariado internacional se reafirme en su todapoderosa ideología: el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo, que es invicto e imperecedero.

En nuestro caso, estas celebraciones deben servir para que nos reafirmemos en retomar el pensamiento gonzalo y desarrollarlo, reconstituir el Partido y desarrollar el camino del pueblo desde la posición del proletariado.

El pensamiento gonzalo ha sido revisado, falseado y desvirtuado por el revisionismo guzmanista en un fatuo intento por justificar su rendición poniendo por delante su anhelo de reincorporación dentro del “orden democrático”.

Para disimular sus entuertos, componendas y conchabes con reaccionarios de todo pelaje, los seguidores del camino revisionista propalan, como fundamento básico, la cantaleta esa de que el actual repliegue político general de la revolución deriva del proceso de restauración y de haberse generado una opinión pública desfavorable para la revolución”; y que dentro del “glorioso camino de triunfos y fracasos, de vueltas y revueltas”, “el Presidente Gonzalo, Jefatura del PCP, a la luz del maoísmo señala que se debe hacer un balance del proceso histórico de la clase obrera, ya que es decisivo y clave para establecer la estrategia de la revolución proletaria mundial, porque si bien ha concluido una gran ola revolucionaria, otra más grande se está gestando”.

¡Qué estrategia ni qué ola! Los acontecimientos en África, Asia, Medio Oriente y América Latina, que en verdad les interesa un cuerno, no les impide seguir con esa estúpida argumentación en el afán de salvar la imagen de un renegado, aunque para ello enloden la gloriosa sangre derramada por miles de los mejores hijos del pueblo que fueron convocados para plantar una bandera roja en la cumbre más alta.

El mezquino accionar de revisionismo guzmanista se expresa a plenitud en la proclama de su acta fundacional desde prisión. En el documento redactado por el señor Abimael Guzmán y la señora Elena Iparraguirre en el Penal Militar Base Naval del Callao, Lineamientos para “documento de bases para acuerdo de paz”, 6 de julio de 1993, se lee:

Cesar la guerra popular iniciada el 17 de mayo de 1980, en sus 4 formas bélicas de acciones guerrilleras; autodisolver las fuerzas del Ejército Guerrillero Popular inutilizando sus armas y medios de combate; y, asimismo, autodisolver los Comités Populares y Bases de Apoyo de la República Popular de Nueva Democracia.

Esta conjura los pinta de cuerpo entero: ¡Traidores revisionistas de cabo a rabo!

Para intentar curarse en salud, enaltecen el podrido revisionismo que anida la negación absoluta de que son las masas, y no los individuos, las que hacen la historia; y, en un acto de parasitaria supervivencia, tuercen con premeditación y alevosía los principios que tanto decían defender.

En Marco para análisis de trabajo, 1994, se lee:

Que sepamos, es la primera vez que se presenta a una revolución no proseguir la guerra para conjurar su derrota, nos hemos atrevido a plantearlo así como hoy dirigir un repliegue político y militar desde la prisión. Estamos coadyuvando a tratar experiencias similares o peores a la nuestra (…) tenemos ejemplo de los problemas que se generan cuando se pierde la cabeza de un movimiento revolucionario, de modo, pues, que en nuestra situación estamos aportando a que se maneje un problema, el de la Dirección del Partido y defendiendo la vida del Partido, estableciendo su rumbo y concretándolo. [La subraya es nuestra.]

Ese defendiendo la vida del partido se reduce a la defensa de su propio pellejito.

¿Qué? ¿No se puede dirigir desde prisión? ¡Pues vean al MOVADEF! ¡Ahí tienen la criatura!

Los que regentan el nuevo partido revisionista, pretenden esconder al proletariado y al pueblo que una bandera roja fue plantada en lo más alto de los Andes y a lo largo y ancho del Perú; que los comunistas son como la semilla y el pueblo como la tierra y que donde van se unen al pueblo, echan raíces y florecen en él. El guzmanismo pretende esconder que, a lo largo de varias décadas, los verdaderos comunistas desarrollaron, en medio de grandes dificultades que supieron resolver, nuevas etapas y metas; que se inició la lucha armada y ésta se desarrolló hasta pasar a ser guerra popular y que el costo que pagaron por ello fue grande, muy grande: miles de militantes, combatientes, y masas populares; cientos de cuadros y decenas de excelentísimos dirigentes probados, no una sino muchas veces, regaron con su sangre la senda revolucionaria, no para que una sola persona se lleve los laureles sino para bien del proletariado y el pueblo. El renegado Guzmán reduce la reciente historia patria a grandes lecciones y rica e incuestionable experiencia… la suya propia, claro.

El camino del pueblo seguirá desarrollándose a pesar de las maldiciones y malas profecías que los revisionistas escupen al cielo; y se desarrollará hasta alcanzar la meta, porque es meta de la clase y no capricho personal.

Nos reafirmamos en lo que se auguró con toda certeza en Sobre 3 capítulos de nuestra historia, en la II Sesión plenaria del Comité Central del PCP, 28 de marzo de 1980:

… los hombres bregaron y los pocos comunistas que había se convocaron de varios puntos, y al final se comprometieron y tomaron una Decisión: forjar en los hechos la primera Compañía de la primera división del Ejército Popular; y, así comenzaron a retroceder las sombras en forma definitiva, los muros temblaron y fueron horadados; con los puños se abrió la aurora, la oscuridad se aclaró. Clave fue la I Conferencia Nacional, piedra miliar y un capítulo empezó. Las almas estaban alegres y los ojos resplandecían luz. Un capítulo dirá: Mucho esfuerzo costó, dimos nuestra cuota; y, en momentos difíciles enterramos nuestros muertos, secamos nuestras lágrimas y seguimos combatiendo.
Así se concretó y en el día nacional fue proclamada la República Popular; y el trabajo se reivindicó y desde allí la risa comienza a anidar entre nosotros, los campos fructificaron más, la libertad comenzó a palpitar en nuestro pueblo y lo rojo, a guiarnos para siempre jamás.

Mas lo escrito con la mano, algunos, tratan de borrarlo con el codo mientras hincan la rodilla ante los amagos del imperialismo y la reacción a nivel internacional y nacional; maldicen la oscuridad y levantan a tope su pesimismo histórico, cosa que siempre sucede cuando se antepone el interés personal al interés colectivo, al interés cotidiano y al interés histórico de las masas; estos individuos olvidan que son las masas las que hacen la historia.

El peor temor, al fin y al cabo, es no confiar en las masas, es creerse indispensable, centro del mundo, creo que eso es, y si uno formado por el Partido con la ideología del proletariado, con el maoísmo principalmente, comprende que las masas hacen la historia, que el Partido hace la revolución, que la marcha de la historia está definida, que la revolución es la tendencia principal, se le esfuma el temor y solamente le queda la satisfacción de ser argamasa y, junto a otras argamasas, servir a poner cimientos para que algún día brille el comunismo e ilumine toda la Tierra.[1]

¡Pero qué va! Para este olvidadizo, que hoy se envuelve en su propia sombra y se pregunta por qué anda a oscuras, lo arriba citado, que es espléndidamente cierto, son sólo palabras que se lleva el alborotado viento de este incierto presente.[2]

La revisión, tergiversación y falsificación del pensamiento gonzalo, toda esa ignominia, la desarrollan los revisionistas modernos dentro de su pútrida “necesidad insoslayable de la paz y la auténtica reconciliación nacional sin vencedores ni vencidos, sin venganzas, persecuciones y restricciones personales contra nadie”; para “evitar que se produzca”, según declamaron hipócritamente esos traidores, “un mayor costo de vidas y sangre derramada en vano, mayor tiempo y profundización del enfrentamiento social con todas las secuelas e encono y resentimiento”; fíjense bien y no lo olviden jamás, dicen: “sangre derramada en vano” ¡Qué miserias del revisionismo! ¡Estiércol del revisionismo de todos los tiempos! Y, dentro de esa supuesta magistral y novísima estrategia a la luz de un muy particular, dizque, maoísmo, lloriquean para “pedir al Gobierno que promulgue una verdadera Amnistía general” “… para que cuando salgan prosigan desenvolviendo el trabajo partidario”[3]. Es decir, cuando los seguidores del camino revisionista en prisión salgan en libertad, tras un arreglo o tras una amnistía parcial o general, se incorporarán al nuevo partido revisionista, que usurpa el glorioso nombre del Partido Comunista del Perú, para proseguir con su lucha contra el Partido y el camino del pueblo en estrecha convergencia con el imperialismo y la reacción.

Así las cosas, no debemos bajar la guardia ni un solo segundo en el combate por barrer la podre revisionista. Son ellos los que han definido y decidido pasarse a la otra colina, al lado del enemigo para combatir al Partido, a las masas populares y al camino del pueblo; son ellos los que dan la espalda al proletariado, al campesinado, a la pequeña burguesía, y a la burguesía nacional; los abandonan a su suerte anteponiendo sus intereses personales a los intereses de clase y pretenden levantar a una parte de la burguesía nacional en su brega por converger con una de las facciones de la gran burguesía, la burocrática o la compradora, según quién les ofrezca mejores beneficios. Son ellos los que reniegan del pensamiento gonzalo; lo revisan, tergiversan y falsean según sus caprichos y veleidades para conseguir la “reconciliación nacional sin vencedores ni vencidos”, capitulan sin el menor decoro. Claro, qué otra cosa se podría esperar de esos traidores revisionistas que vía cretinismo parlamentario anhelan participar del Poder mientras aplican los lineamientos del capitoste “estamos manejando un campo de convergencia objetiva…”[4]

He aquí una pequeña materialización de esa convergencia:

Mientras se atizan las contradicciones entre la ultraderecha y la derecha por la contienda electoral del 2016, el pueblo necesita continuar fortaleciendo su lucha, elevando su organización y el nivel político de sus demandas. Por eso, asumimos el compromiso de participar en las próximas elecciones llevando un programa que defienda los derechos fundamentales del pueblo y por la democratización de la sociedad peruana. Saludamos a los pueblos de los distintos distritos de Lima y del interior del país, por su apoyo denodado que favorece al desarrollo de este nuevo frente y su perspectiva.[5] [La subraya es nuestra.]

Pues bien, qué mejor fecha que la celebración del día del proletariado internacional para recordar un tema tan importante como es el del Frente Único.
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Ediciones Bandera Roja
1 de mayo de 2021

Viva el 1° de mayo
Viva el 1° de mayo
■ La Comuna de París, un aniversario más

■ La Comuna de París, un aniversario más

LA COMUNA DE PARÍS, UN ANIVERSARIO MÁS

En la época de 1789 a 1871, es decir desde la Revolución Francesa hasta la Comuna de París, las guerras que se desarrollaban eran guerras de carácter progresista burgués; guerras de liberación nacional, cuyo contenido principal y significado histórico era el derrocamiento y la destrucción del régimen feudal, del absolutismo y del yugo nacional extranjero. Antes de esa época no era posible siquiera hablar del desarrollo de la lucha del proletariado por el socialismo.

Lenin señala:

La matanza de obreros por la burguesía republicana en París, en las jornadas de junio de 1848, demostró definitivamente que sólo el proletariado es socialista por naturaleza. La burguesía liberal temía cien veces más la independencia de esta clase que a cualquier reacción. El cobarde liberalismo se arrastró a sus pies. El campesinado se conformó con la abolición de los restos del feudalismo y se unió a los partidarios del orden, y sólo de vez en cuando vaciló entre la democracia obrera y el liberalismo burgués. Todas las doctrinas del socialismo que no sea de clase y de la política que no sea de clase, demostraron ser un simple absurdo.

La Comuna de París, 1871, completó este desarrollo de las transformaciones burguesas; sólo al heroísmo del proletariado debió su consolidación la república, es decir, la forma de organización estatal en que las relaciones de clase se manifiestan de un modo menos disimulado.

En todos los demás países europeos, una evolución más confusa y menos completa condujo al mismo resultado: una sociedad burguesa que había adoptado formas definidas. A fines del primer período —1848-1871—, un período de tormentas y revoluciones, murió el socialismo premarxista. Nacieron los partidos proletarios independientes: la Primera Internacional, 1864-1872, y el Partido Socialdemócrata Alemán.

Así, la Comuna de París constituye el primer hito en el proceso de la conquista del Poder por el proletariado; es el primer intento de establecer su dictadura. Tomó el Poder pero no pudo retenerlo más de 2 meses y la revolución fue derrotada; sí, pero, colocó su acción política en la orden del día.

Desde que aparece en la historia como última clase, el proletariado lucha en tres planos: el teórico, político y económico.

Los acontecimientos de la Comuna de París fueron analizados por Marx de una manera tan revolucionaria como profunda y certera en La guerra civil en Francia.[*] La Comuna no alcanzó su objetivo por una serie de causas de carácter interno y externo. Marx comprendió que fracasaría por su debilidad pequeñoburguesa y por la falta del Partido Comunista que la dirigiera; sin embargo dijo: no se puede permitir que la moral de la clase sea mellada, no importa cuántos líderes caigan; y, en consecuencia, la apoyó y defendió.

En 1848, Marx y Engels, habían elaborado el Manifiesto del Partido Comunista; en él se establecieron los fundamentos y el programa del proletariado.

Marx, junto a sus magistrales escritos, fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera y en 1864, unificando el movimiento obrero de los diferentes países y orientando por el cauce de una actuación conjunta a las diversas formas del socialismo no proletario y premarxista, constituyó la Primera Internacional, la “Asociación Internacional de los Trabajadores”. Por entonces, la doctrina de Marx no era, ni de lejos, la imperante; era sólo una de las numerosas fracciones o tendencias del socialismo.

La caída de la Comuna de París colocó a la Internacional en una situación imposible.

A raíz de la escisión de la Internacional provocada por los bakuninistas —corriente anarquista del socialismo no proletario y antimarxista, que niega la dictadura del proletariado y su partido—, Marx, después del Congreso de La Haya en 1872, consiguió que el Consejo General de la Internacional se traslade a Nueva York. La Primera Internacional ya no pudo seguir existiendo en Europa; había cumplido su misión histórica y dejaba paso a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo con la creación de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional.

En sus escritos, Marx y Engels, demostraron que el mérito de la Comuna consistió en la tentativa de destruir, de romper, de hacer estallar, de hacer saltar toda “la máquina del Estado existente”; que suprimía el ejército y la burocracia, lo mismo que el Parlamento; es decir, destruía “la excrecencia parasitaria que es el Estado”.

Esta conclusión fue de tal importancia y trascendental que en 1872 introdujeron una enmienda en el Manifiesto del Partido Comunista.

Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los últimos 25 años, los principios generales expuestos en este Manifiesto siguen siendo hoy, a grandes rasgos, enteramente acertados. Algunos puntos deberían ser retocados. El mismo Manifiesto explica que la aplicación práctica de estos principios dependerá siempre y en todas partes de las circunstancias históricas existentes, y que, por tanto, no se concede importancia excepcional a las medidas revolucionarias enumeradas al final del capítulo II. Este pasaje tendría que ser redactado hoy de distinta manera, en más de un aspecto. Dado el desarrollo colosal de la gran industria en los últimos 25 años, y con éste, el de la organización del Partido de la clase obrera; dadas las experiencias prácticas, primero, de la revolución de Febrero, y después, en mayor grado aún, de la Comuna de París, que eleva por primera vez al proletariado, durante 2 meses, al poder político, este Programa ha envejecido en algunos de sus puntos. La Comuna ha demostrado, sobre todo, que “la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios fines”.

Engels en su escrito De la autoridad, publicado en diciembre de 1873, se planteó la siguiente pregunta:

Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?

Y, en el 20° aniversario de la Comuna de París, 18 de marzo de 1891, señaló con magistral certeza:

Últimamente, las palabras “dictadura del proletariado” han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡He ahí la dictadura del proletariado!

En el Manifiesto del Partido Comunista se dice con notable claridad:

El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible las fuerzas productivas.

Lenin lo enseña:

Los trabajadores sólo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explotadores, y este aplastamiento sólo puede dirigirlo, sólo puede llevarlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuentemente revolucionaria, como la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la burguesía, por la completa eliminación de ésta.
Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la mayoría inmensa del pueblo.

Las clases explotadas necesitan la dominación política para destruir completamente toda explotación, es decir, en interés de la mayoría inmensa del pueblo contra la minoría insignificante de los esclavistas modernos, es decir, los terratenientes y capitalistas.

He aquí la idea fundamental del marxismo en la cuestión del Estado, a saber: la idea de la dictadura del proletariado y la definición del Estado bajo su dictadura: el proletariado organizado como clase dominante.

Éstos son los principios que diferencia a los verdaderos marxistas de los revisionistas, cultores del cretinismo parlamentario y la democratización de la sociedad.

Saludemos con Marx:

El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores, la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.

 

 

Ediciones Bandera Roja
18 de marzo de 2021

 

 

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* Obras Escogidas de Marx y Engels, tomo II, página 212.
Consulte, también, en Marx – Engels Correspondencia y en Marx – Correspondencia con Kugelmann. (Dichas obras están en nuestra web).

LA COMUNA DE PARÍS, UN ANIVERSARIO MÁS
LA COMUNA DE PARÍS, UN ANIVERSARIO MÁS
■ Dia internacional de la mujer trabajadora

■ Dia internacional de la mujer trabajadora

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Lo que hoy se llama Día internacional de la mujer, fue formalizado oficialmente por las Naciones Unidas en 1975. Originalmente se denominó Día internacional de la mujer trabajadora y debería rendir especial homenaje a la participación de la mujer en la lucha de clases dentro de la sociedad.

No se trata de repartir rosas, reales o literarias, a la mujer abstracta sino de reconocer y enaltecer a la mujer real que defiende sus intereses de clase en lucha  mancomunada con el  varón; ambos, como integrantes de  las  clases oprimidas y explotadas, combaten revolucionariamente por la construcción y consecución de una nueva sociedad sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores, sin clases, sin partidos, sin democracia, sin armas, sin guerras, sin Estado; es decir, por la radical y definitiva nueva sociedad, la sociedad de la “gran armonía”: la sociedad comunista.

En la prehistoria, a lo largo de la evolución y desarrollo de la humanidad, la mujer jugó un papel trascendental en la relación de la especie con la naturaleza y su transformación en condiciones reales de existencia.

En la comunidad primitiva, sobre una división natural del trabajo basada en la edad y el sexo, las mujeres estaban rodeadas de respeto y consideración, trato deferente y hasta privilegiado; mujeres y varones desenvolvían sus vidas en franca igualdad y juntos participaban en las decisiones del grupo social.

Con el aumento de la riqueza y su acumulación se inicia la sustitución del derecho materno por el paterno; así, con la posición del varón en la familia, comienza la postergación de la mujer y su resquebrajamiento.

Es más que sabido que el origen de la monogamia no fue fruto del amor sexual individual, con el que no tenía nada en común, sino el más puro cálculo. La monogamia fue la primera forma de familia que no se basaba en condiciones naturales, sino en condiciones económicas, y concretamente en el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva, originada espontáneamente.

Los objetivos de la monogamia, abiertamente proclamados por los griegos, fueron la preponderancia del varón en la familia y la procreación de hijos que sólo pudieran ser de él y destinados a heredarle; por lo demás, el matrimonio era para ellos una carga, un deber para con los dioses, el Estado y sus propios antecesores, y era un deber que se veían obligados a cumplir.

Así, la monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el varón y la mujer, y menos aún como la forma más elevada de matrimonio. Por el contrario, entra en escena bajo la forma del esclavizamiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos, desconocido hasta entonces en la prehistoria.

Es conocida aquella frase de Marx y Engels que dice que la primera división del trabajo es la que se hizo entre el varón y la mujer para la procreación de hijos; frase que luego precisó Engels al decir que el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el varón y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino. Así pues, la monogamia fue un gran progreso histórico, pero al mismo tiempo inauguró, simultáneamente con la esclavitud y con las riquezas privadas, aquella época que dura hasta nuestros días y en la cual cada progreso es al mismo tiempo un regreso relativo y el bienestar y desarrollo de unos se verifica a expensas del dolor y represión de otros. La monogamia es la forma celular de la sociedad civilizada, en la cual podemos estudiar ya la naturaleza de las contradicciones y de los antagonismos que alcanzan su pleno desarrollo en esta sociedad. La llamada libertad sexual es una institución social, que, aparte de ser una lacra, también es una corrompida manifestación del primitivo matrimonio por grupos, en provecho de los varones.

Marx concluye que la familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, en miniatura, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado.

A la opresión económica y política de la mujer, se añadió la opresión sexual.

A lo largo de los siglos, las clases explotadoras han sostenido e impuesto la pseudo teoría de la naturaleza deficitaria de la mujer, presunción que ha servido para justificar la opresión y explotación que las mujeres experimentan hasta hoy.

Todo esto fue agravado por el desarrollo de las concepciones religiosas que afirman que la mujer es fuente de pecado y antesala del infierno.

Las mujeres trabajadoras y quienes las apoyaron y defendieron, siempre han luchado por la reivindicación, consecución y defensa de sus derechos y libertades, incluidas la libertad de pensamiento, de decisión y de acción.

En la memoria histórica quedó grabada, por ejemplo, las grandes jornadas de lucha del proletariado y el pueblo protagonizadas por mujeres y varones revolucionarios durante la Revolución Francesa.

Del mismo modo quedó grabado en la memoria del pueblo que lo que la burguesía, incluso en la época en que fue revolucionaria, hace por la mujer, no pasa de ser algunas prebendas para su desarrollo, pero es incapaz de emanciparla.

José Carlos Mariátegui opina al respecto:

La Revolución Francesa, en cambio, inauguró un régimen de igualdad política para  los varones; no  para  las  mujeres. Los  Derechos del Hombre podían haberse llamado, más bien, Derechos del Varón. Con la burguesía, las mujeres quedaron mucho más eliminadas de la política que con la aristocracia. La democracia burguesa era una demo- cracia exclusivamente masculina. Su desarrollo tenía que resultar, sin embargo, intensamente favorable a la emancipación de la mujer. La civilización capitalista dio a la mujer los medios de aumentar su capacidad y mejorar su posición en la vida. La habilitó, la preparó para la reivindicación y para el uso de los derechos políticos y civiles del hombre. Hoy, finalmente, la mujer adquiere estos derechos. Este hecho, apresurado por la gestación de la revolución proletaria y socialista, es todavía un eco de la revolución individualista y jacobina. La igualdad política, antes de este hecho, no era completa, no era total. La sociedad no se dividía únicamente en clases sino en sexos. El sexo confería o negaba derechos políticos. Tal desigualdad desaparece ahora que la trayectoria histórica de la democracia arriba a su fin.

El primer efecto de la igualación política de los varones y las mujeres es la entrada de algunas mujeres de vanguardia en la política y en el manejo de los negocios públicos. Pero la trascendencia revolucionaria de este acontecimiento tiene que ser mucho más extensa. A los trovadores y los enamorados de la frivolidad femenina no les falta razón para inquietarse. El tipo de mujer, producido por un siglo de refinamiento capitalista, está condenado a la decadencia y al tramonto. Un literato italiano, Pitigrilli, clasifica a este tipo de mujer contemporánea como un tipo de mamífero de lujo. Y bien, este mamífero de lujo se irá agotando poco a poco. A medida que el sistema socialista reem- place al sistema individualista, decaerán el lujo y la elegancia femeninas. Paquín y el socialismo son incompatibles y enemigos. La humanidad perderá algunos mamíferos de lujo; pero ganará muchas mujeres. Los trajes de la mujer del futuro serán menos caros y suntuosos; pero la condición de esa mujer será más digna. Y el eje de la vida femenina se desplazará de lo individual a lo social. La moda no consistirá ya en la imitación de una Mme. Pompadour ataviada por Paquín. Consistirá, acaso, en la imitación de una Mme. Kollontay. Una mujer, en suma, costará menos, pero valdrá más.

Bajo  la  llamada democracia del  sistema capitalista e  imperialista, muchas mujeres, que han luchado y luchan, han sido y son detenidas, encarceladas, maltratadas, torturadas, violadas y asesinadas por defender sus reivindicaciones específicas como parte de las reivindicaciones de las clases oprimidas y explotadas.

Debería ser todos los días, pero el 8 de marzo es el día en que, por decreto, se conmemora la jornada de lucha de la mujer trabajadora en el mundo entero.

El 8 de marzo de 1857, de ahí la referencia a la fecha, las obreras de la industria textil en Nueva York desarrollaron una huelga exigiendo mejores salarios, mejores condiciones laborales y reducción de la jornada de trabajo; fueron reprimidas y muchas de ellas encarceladas. Fue una de las primeras manifestaciones en la lucha por sus derechos, pero no la única.

La politización de la mujer ha sido planteada por el marxismo desde sus inicios, concibiendo la lucha femenina como solidaria e integrada con la lucha del proletariado; y, en el Congreso Socialista de 1879 se proclamó la igualdad de los sexos y la necesidad de luchar por ella, reiterando la solidaridad del movimiento femenino revolucionario y la lucha de la clase obrera: la mujer y el trabajador tienen en común su condición de oprimidos; esa fue la síntesis.

El 25 de marzo de 1911, las obreras de una fábrica textil de Nueva York ocuparon la fábrica y se declararon en huelga para protestar por las insoportables condiciones de trabajo; en algún lugar de la fábrica se inició un incendio y el patrón, en lugar de socorrer a los trabajadores, trancó las puertas; así fueron asesinados 146 trabajadores inmigrantes de entre 14 y 23 años: 123 mujeres y 23 varones; 70 trabajadores resultaron heridos.

Las movilizaciones, luchas y enfrentamientos callejeros se expandieron por todo el planeta incluyendo en las demandas el fin del trabajo infantil y el derecho al voto femenino. Surgieron así las primeras organizaciones de mujeres para luchar por sus derechos.

Y la lucha continúa.

En las últimas décadas, han surgido nuevos movimientos de reivindicación de los llamados derechos de las mujeres que luchan por lo que denominan y definen como la igualdad de género; por el empoderamiento de la mujer en el trabajo, el  mercado y la  comunidad; por  mayor acceso a  la  educación, salud y otras cosas más dentro del esquema del igualitarismo, contra la discriminación, el acoso, los maltratos en los lugares de trabajo y el hogar, los abusos sexuales y las violaciones; como, por ejemplo, esa interesante representación artística y cultural escenificada y cantada bajo el título de Un violador en tu camino, representación que nace de un hecho social concreto y apunta a lo más alto al decir:  El Estado opresor es un macho violador. Muy bien, no está mal, es útil para movilizar y concientizar a mujeres y varones, pero no basta. Hay que ser conscientes de que, en el fondo, son nuevas formas de antiguas posiciones feministas que reducen la lucha por la emancipación de la mujer a cuestiones sexistas tomando como base los ataques machistas que sufren las mujeres en todas partes del mundo, dejando de lado cuestiones tan importantes como los intereses de clase, la ideología y la política.

Estas corrientes pugnan por una mayor participación de la mujer en los diferentes ámbitos de la vida social. Por ejemplo, se reivindica la necesidad de que las mujeres ocupen cargos de  liderazgo  en  las  instituciones internacionales y nacionales; mucho se habla de cuotas pero  se  olvida  que los porcentajes estadísticos no resuelven los problemas de la mujer ni del mundo. Uno de los llamados principios, de uno de los tantos grupos de una variopinta gama de matices, plantea promover la igualdad de género desde la dirección al más alto nivel y fomentar el crecimiento económico inclusivo… ignorando por completo el funcionamiento de las sociedades semifeudales y semicoloniales o de las sociedades capitalistas, incluyendo las más democráticas.

Seguro que no hay tantas mujeres como las que podrían y deberían estar en los altos cargos, pero bastaría mencionar el nombre de algunas cuantas que sí están, por ejemplo, en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Mundial, en el Parlamento Europeo, en las Naciones Unidas y en otras organizaciones internacionales para ya no nombrar a Presidentas, Primera Ministros, Reinas y otros accesorios de opresión y explotación; pero, ¿qué derechos son los que defienden? Los del imperialismo y las clases dominantes, sin lugar a dudas.

La lista de mujeres que a través de sus altos cargos acogotan a las masas populares podrá ser corta; pero la contribución que prestan a la explotación y opresión de las masas es grande. La cuestión de género, cualquiera que éste fuere, no interesa para nada; no interesa que el verdugo sea varón o mujer, ni el color de su piel; lo importante es saber detectar qué intereses de clase representan y defienden.

En una sociedad que exacerba el individualismo, patrocina el machismo e impone la sumisión, el sometimiento y la opresión de la mujer valiéndose de la misógina teoría de la naturaleza deficitaria de la mujer y de su natural inferioridad frente al varón para mantenerla como una simple máquina reproductora y, cómo no, de placer, lo que interesa es que la lucha contra las desigualdades de índole económico, político, social, laboral, y entre la mujer y el varón, debe ser comprendida no como desigualdades de género sino como desigualdades dentro de la actividad humana en la transformación de la naturaleza por los hombres y en la transformación de los hombres por los hombres, por mujeres y varones, se sobreentiende, sin abstraerse de las clases, de la lucha de clases, y del control que éstas ejercen sobre el poder económico y el poder político.

La lucha por la emancipación de la mujer tiene sus particularidades, sí, pero, al mismo tiempo, es parte inseparable de la lucha del proletariado y de las masas por su emancipación y la construcción de una nueva sociedad; es una batalla ideológica y política; una guerra prolongada que requiere  la  transformación radical de la sociedad y de las costumbres. Mientras tanto, se podrán conquistar  algunas  pequeñas  y  transitorias libertades  y  beneficios;  pero, sin transformar la sociedad desde sus cimientos no habrá cambios que perduren.

La lucha por los derechos de la mujer y la lucha por los derechos del pueblo es una lucha conjunta; dentro de ella se encuentra la construcción ideológico-política del movimiento femenino partiendo de una línea de clase y como parte de la lucha del pueblo que ha combatido, combate y combatirá por su liberación. En pocas palabras, de lo que se trata es de la politización de la mujer, su formación en la ideología de la clase obrera, su integración a las organizaciones de clase y del pueblo y su incorporación a la política, a la lucha de clases, bajo la dirección del proletariado.

Así, la lucha de las mujeres por su emancipación es parte de la lucha de la clase obrera; la lucha por la emancipación de la mujer es parte indisoluble de la emancipación del proletariado y se desarrolla en lucha contra la tesis burguesa de liberación femenina. Una muestra, clara y palpable, fue la alta participación de mujeres en la guerra popular en el Perú donde alcanzaron preponderante papel tanto en la dirección como en la misma lucha por la emancipación del proletariado y el pueblo.

¡Honor y gloria a la mujer trabajadora, luchadora y combatiente!

 

Ediciones Bandera Roja

8 de marzo de 2021

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA
DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA